E1 lugar fue la ciudad india de Dharamsala, residencia de muchos tibetanos refugiados. La fecha fue el 10 de marzo de 1973, en que los refugiados debían conmemorar la huida del Dalai Lama del Tibet Pero, con las tormentas que venían azotando las faldas del Himalaya desde hacia semanas, parecía que la ceremonia estaba condenada al fracaso. Como no se preveía ninguna mejoría del tiempo, los residentes pidieron por fin ayuda a Gunsang Rinzing, un viejo lama temido y famoso por su poder de controlar el tiempo atmosférico. El trabajo del lama fue más tarde descrito por David Read Barker, un antropólogo que estaba a la sazón trabajando en la India. Eran las ocho de la tarde, explica el doctor Barker, y Rinzing encendió una fogata bajo la lluvia
«Se hallaba en un estado de concentración -refirió Barker-, y recitaba mantras y una sadhana, mientras tocaba con frecuencia una trompeta hecha con un fémur humano y redoblaba un tambor de chamán Después de observarle durante vanas horas desde respetuosa distancia, nos retiramos a descansar, seguros de que el tiempo sería tan malo el día siguiente como lo había sido en los anteriores. La mañana siguiente, temprano, la lluvia había quedado en llovizna, y a las diez, se había convertido simplemente en fina niebla fría sobre un circulo de unos ciento cincuenta metros de radio. En todas las otras partes de la zona, siguió lloviendo a cántaros, pero los varios miles de refugiados no se mojaron durante las seis horas que estuvieron reunidos. Mientras estaba hablando el Dalai Lama, descargó una granizada, produciendo un temible estruendo en los tejados metálicos de las casas próximas al lugar de la ceremonia, pero sólo unas pocas docenas de granizos cayeron sobre la muchedumbre »
Catorce años antes, en los días de la invasión del Tibet por los chinos comunistas y de la huida
del Dalai Lama a la India, unas condiciones atmosféricas inesperadas aseguraron la llegada de
éste, sano y salvo, a la India, cruzando el Himalaya. Cuando la aviación china trató de
descubrirle con su séquito, una espesa niebla cubrió providencialmente la zona que estaba
atravesando, haciendo que los viajeros fuesen completamente invisibles desde el aire.
Naturalmente, para los tibetanos, esta súbita visibilidad cero fue simplemente prueba del poder
divino del Dalai Lama sobre el clima.